La verdad te hará libre


Hoy es un día otoñal. Amaneció frío y con llovizna. Es un día melancólico. Llevo en mi corazón unas sensaciones que me invaden. Se amontonan y afloran todas juntas, desordenadas e incontenibles. Hoy más que otro día se siente como si fuera una tarde de Marzo. 
Apareciste en mi vida de un modo casual. Yo no te busqué, tú no me buscaste. Simplemente un día aparecimos en nuestras vidas. Cuando te vi por primera vez, algo dentro de mí me dijo que eras especial. Nunca escuché a los otros, los que pretendían decirme quién eras, los que pretendían convencerme de que tú no eras nadie, que no lo valías, que no valía la pena fijarse en ti. Los otros no hicieron más que convencerme de que estaban preocupados. Que sin saberlo ellos, querían alejarme de ti. Esa magia que tú tienes y que ellos nunca se atrevieron a aceptar. Y tú, misterioso, triste y alegre a la vez, cansado de sufrir, casi aceptando una vida triste que nunca cambiaría, llegaste a mí. ¿Me permites que escriba mil hojas que hablen de ti? ¿Serías capaz de leerlas todas? ¿Podrás leer cada palabra que escribo sobre ti, desde mi corazón?
Sabíamos que sería difícil. Sabíamos que podía ser una despedida. Estuvimos tensos, nos fue difícil lograr nuestra intimidad. Pero una vez más, a pesar de todos los inconvenientes, fuimos tú y yo sólo uno.
Pero también tienes que saber que esa inseguridad desaparece en cuanto recibo tu llamada, en cuanto consigo el momento para nuestros encuentros secretos, que son solo nuestros. Y eso hace nuestra historia más intensa, más de verdad y más auténtica, aunque a veces lo único que deseo es que el tiempo se pare y no tenga que separarme de ti nunca más. Hoy, como siempre, me digo que esto no puede ser verdad. Que esto no debería ser verdad. Me pregunto cómo el mundo puede funcionar sin conocer esto que tú y yo vivimos. ¿Es que nadie se da cuenta de cuánto se puede amar a alguien? Me pregunto cómo nunca imaginé que esto podría suceder. Pero no me interesan las respuestas. Lo que sucede entre tú y yo, amado mío, no tiene preguntas; no requiere respuestas; no requiere explicaciones. Simplemente sucede.
¿Y mañana? No lo sé. No me importa. Sólo haber vivido lo que viví contigo hasta este momento es suficiente para mí. Esto sobrepasa al tiempo. Tú decidirás qué harás mañana. Nada debes preguntarme a mí. Yo nada tengo que preguntarte a ti. Deseo que sepas, que tu corazón sepa, que yo siempre estaré a tu lado, de la forma que tú lo determines. Cualquiera sea tu decisión, yo siempre estaré contigo sonriéndote y amándote. Lejos o cerca, pero siempre, siempre amándote.
El destino tiene reglas, y por más que las rompamos, siempre tenemos que seguir un camino. Pero hasta entonces; hasta mañana, mi amor.



Comentarios

Entradas populares