La reina malvada


Hace mucho tiempo existía un reino próspero, donde el sabio rey había logrado conseguir paz para su pueblo pero tuvo que pagar un precio alto por dicha paz. El rey había perdido a sus tres hijos en batalla: contra gigantes, dragones, contra ejércitos de hombres guiados por malvados hechiceros.
La reina no soporto esa gran pérdida y murió de tristeza dejando al rey desconsolado, acompañado solamente por único heredero que le quedaba, su nieto huérfano.
El niño fue educado como príncipe y se ganó a su reino con su heroísmo y su buen corazón. Su pueblo lo amaba. Ya casi era un hombre cuando su abuelo nuevamente se casó.
Meses más tarde el rey cayó enfermo y por todo el reino se oían rumores de que su esposa era una bruja diabólica y estaba decidida a apoderarse del trono envenenando al rey. Unas semanas después el rey murió. El príncipe aún era muy joven para tomar el lugar del rey y, según la ley, la reina tendría que gobernar un año más.
Mientras tanto el príncipe se había enamorado, ella era hermosa e inteligente y a pesar de que era hija de un campesino, el reino aprobó la pareja. Sin embargo la reina estaba disfrutando de su poder y pensó en casarse con el príncipe para poder seguir siendo la reina, después de todo aún era una mujer joven y hermosa.
Al príncipe no le gustó la idea, se llevó a su amada y se fueron cabalgando hacia la noche. Se detuvieron a descansar bajo las ramas de un árbol de olivo. Por la mañana el príncipe despertó:
 -Levántate, mi amada- dijo.
La hija del granjero no se despertó y fue cuando el príncipe notó la sangre. Habían matado a su amada durante la noche. Regresó a su reino y culpó a la bruja de lo que había sucedido. Los aldeanos llenos de furia se alzaron ante el crimen.
Junto con ellos, el príncipe irrumpió en el castillo y lograron capturar a la bruja. La llevaron suficientemente lejos para que nunca más se pareciera por el reino.
El príncipe subió al trono y reinó hasta envejecer, amado por todo su pueblo.

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