Cuento
¡El niño soñador!
Había una vez un niño que le encantaba
soñar y que vivía en pequeño pueblo cerca de un bosque, el se encontraba rodeado de libros y fantasía, pero no tenía
amigos. Nadie lo quería porque se pasaba
el día contando historias imaginarias sobre hazañas caballerescas, aventuras submarinas
y expediciones extraterrestres. Siempre estaba inventando aventuras como si las
hubiera vivido de verdad, hasta que sus compañeros se cansaron de escuchar sus
historias y provoco que se quedara solo.
Al principio el niño se sintió muy triste y empezó a pensar que sus historias eran muy aburridas y por eso nadie las quería escuchar. Pero tiempo ya no le tomo importancia y decidió empezar escribir sus historias.
Sus historias eran increíbles y le permitían vivir todo tipo de aventuras. Se imaginaba vestido de caballero salvando a inocentes princesas o sintiendo el frío del mar sobre su traje de buzo mientras exploraba las profundidades del océano.
Se pasaba el día escribiendo historias y dibujando los lugares que imaginaba. De vez en cuando, salía al bosque a leer en voz alta, por si alguien estaba interesado en compartir sus relatos.
Un día, mientras el niño leía uno de sus cuentos, apareció una niña. Pero el niño estaba tan entretenido leyendo su cuento que ni se enteró de que la niña lo estaba escuchando. Cuando acabó, la niña le aplaudió.
-Vaya, no sabía que me estabas escuchando- dijo el niño -. ¿Te ha gustado mi historia?
-Ha sido muy emocionante -respondió ella-. ¿Sabes más historias?
-¡Claro!- dijo emocionado el niño -. Yo mismo las escribí.
- ¿De verdad? ¿Y son todas tan emocionantes?-dijo la niña
- ¿Tú piensas que son emocionantes? Todo el mundo dice que son aburridas…
- Pues eso no es cierto, a mi me han gustado mucho. Ojalá yo también pudiera saber escribir historias como las tuyas...
El niño se dio cuenta de que la niña se había puesto muy triste así que se acercó y, tocando su hombro, le dijo:
- si quieres yo puedo enseñarte a escribir historias.
- ¿Me lo dices en serio?
- ¡Claro que sí! ¡Hasta podríamos escribirlas juntos!
- ¡Genial! Ya quiero aprender a escribir historias como tú -dijo la niña-
Al principio el niño se sintió muy triste y empezó a pensar que sus historias eran muy aburridas y por eso nadie las quería escuchar. Pero tiempo ya no le tomo importancia y decidió empezar escribir sus historias.
Sus historias eran increíbles y le permitían vivir todo tipo de aventuras. Se imaginaba vestido de caballero salvando a inocentes princesas o sintiendo el frío del mar sobre su traje de buzo mientras exploraba las profundidades del océano.
Se pasaba el día escribiendo historias y dibujando los lugares que imaginaba. De vez en cuando, salía al bosque a leer en voz alta, por si alguien estaba interesado en compartir sus relatos.
Un día, mientras el niño leía uno de sus cuentos, apareció una niña. Pero el niño estaba tan entretenido leyendo su cuento que ni se enteró de que la niña lo estaba escuchando. Cuando acabó, la niña le aplaudió.
-Vaya, no sabía que me estabas escuchando- dijo el niño -. ¿Te ha gustado mi historia?
-Ha sido muy emocionante -respondió ella-. ¿Sabes más historias?
-¡Claro!- dijo emocionado el niño -. Yo mismo las escribí.
- ¿De verdad? ¿Y son todas tan emocionantes?-dijo la niña
- ¿Tú piensas que son emocionantes? Todo el mundo dice que son aburridas…
- Pues eso no es cierto, a mi me han gustado mucho. Ojalá yo también pudiera saber escribir historias como las tuyas...
El niño se dio cuenta de que la niña se había puesto muy triste así que se acercó y, tocando su hombro, le dijo:
- si quieres yo puedo enseñarte a escribir historias.
- ¿Me lo dices en serio?
- ¡Claro que sí! ¡Hasta podríamos escribirlas juntos!
- ¡Genial! Ya quiero aprender a escribir historias como tú -dijo la niña-
Después de ese día el niño no volvió a sentirse solo y
con el paso del tiempo se hicieron muy amigos y escribieron cientos de cuentos.
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