A la luz de la luna llena.
El sol brillaba tan hermoso que un simple árbol podía reflejar la sombra de sus hojas en el césped. Tanto como le gustaba estar a Nicci debajo de ese árbol leyendo sus libros favoritos . Fue justamente en ese momento cuando lo volvió a ver, jugando basquetbol en el patio, encestando una y otra vez aquel balón sin ninguna falla. Sus brazos al descubierto y sus piernas fuertes la hacían delirar.
Juraba que podía notar cada gota recorrer su cuerpo, desde su frente hasta desaparecer en el borde de su playera. Él era el dueño de tantos sueños perdidos de aquella chica .
Parecía tan extraño y misterioso a la ves, que por un momento sus ideas locas lo hacían parecer un ser sobrenatural. Pero eso no existía mas que en sus libros de ficción. Por que incluso le fascinaba su manera de ser, de alguna forma la hacia doblegarse a pesar de su carácter tan arrogante.
Nicci se levanto del suelo y camino por entre los pasillos de la escuela, abrió su casillero y tomo sus libros, luego lo volvió a cerrar. Dio media vuelta y choco con un vigoroso torso masculino, miro hacia arriba y se topo con unos hermosos ojos cafés. Pero algo mas había llamado su atención, tenia un tatuaje en su hombro derecho, era una especie de huella borrosa
El pareció haberse percatado de hacia donde miraba la castaña, así que tapo aquel tatuaje, Nicci estaba embelesada que no se percato en el momento en que el chico desapareció de su vista.
Llego la noche y la castaña seguía pensando en el tatuaje. Necesitaba un respiro, tomo su chaqueta de cuero y se dispuso a caminar por las calles de Seul. Caminaba con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta y sus audífonos puestos, a lo lejos reconoció la varonil silueta de Min, tal vez y solo se equivocaba pero la curiosidad mato al gato. Lo siguió hasta el Rio Han.
Sus ojos no podrían creer lo que observaban, presenciaban la transformación de aquel chico a algo que hace unos días creía que no existía. Cambio a una forma imponente y bestial, logrando ver con claridad que no estaba alucinando. Pero había sido pillada.
Sus ojos cafés la miraban de manera amenazante, el miedo la inundo, sus piernas gritaban corre pero su cerebro le indicaba que siguiera observando. Y fue cuando inconscientemente se dio cuenta que estaba perdida pero también metida en un lió enorme, no solo eso sino que tal ves no saldría viva de esta...
Natalia Lucia Flores Solís 2°3 T/M

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